los tres grandes periodos del renaciemnto:

Quattrocento

Virgen con el Niño Dios, obra de Domenico Veneziano.

El Quattrocento (término que en castellano significa cuatrocientos, por los años pertenecientes al siglo XV) es uno de los períodos más importantes del panorama artístico europeo. Se sitúa a lo largo de todo el siglo XV y es la primera fase del movimiento conocido como renacimiento.

Su historia

El Quattrocento (1401-1500) se inició en Florencia impulsado por la familia Médici. En esta época aparece la figura del artista y creador en detrimento del anonimato. Surge el taller del maestro, que es quien recibe los encargos de los clientes. Este hecho podría sindicarse como el nacimiento de la categoría de autor. El hombre es la obra más perfecta de Dios. Se pinta la figura humana independientemente de lo que represente.

En este arte evolucionan técnicas de pintura, consiguiendo la perspectiva; en escultura se vuelve a la imitación de la clásica griega y romana, y con respecto a la arquitectura hay un retorno a las líneas del arte griego y romano.

Los máximos exponentes de esta época son:

Cinquecento

Juicio final, en la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel (1536-1541).

Adán y Eva, de Alberto Durero (1507)

El Cinquecento (abreviadamente, años [mil] quinientos en italiano) es un período dentro del arte europeo, especialmente el italiano, correspondiente al siglo XVI. Se caracteriza intelectualmente por el paso del teocentrismo medieval al antropocentrismo humanista de la Edad Moderna; y estilísticamente por la búsqueda de las formas artísticas de la antigüedad clásica y la imitación (mímesis) de la naturaleza, lo que se ha denominado Renacimiento.

Comprende dos fases: comienza con el denominado Alto Renacimiento (últimos años del siglo XV y primeras décadas del siglo XVI), y termina con el denominado Bajo Renacimiento o Manierismo.

El siglo que le precede (el XV) recibe el nombre de Quattrocento (años [mil] cuatrocientos), periodo en el que se va adoptando el vocabulario clásico y construyendo las formas propias del renacimiento. El siglo que le sigue (el XVII) recibe el nombre de Seicento (años [mil] seiscientos), y estilísticamente se caracteriza por la tensión entre las transformaciones violentas del Barroco y el equilibrio y proporción del Clasicismo.

Manierismo

Palazzo Te, de Giulio Romano (1524-1534).

Adoración de los Magos del retablo de San Benito el Real (Valladolid), de Alonso de Berruguete (1527-1532).

Ilustración del libro Extraordinario, suplemento de Los siete libros de la arquitectura de Sebastiano Serlio (1551).

Júpiter arrojando sus rayos a los Vicios, de Veronés (ca. 1555).

Ilustración (dibujo de Gaspar Becerra grabado por Nicolas Béatrizet) para la Historia de la composición del cuerpo humano de Juan Valverde de Amusco, 1559 (en su mayor parte, copia de la De humani corporis fabrica de Andrea Vesalio, 1543, con grabados de Jan van Calcar).

Pareja de estatuas yacentes del Monumento funerario de Enrique II y Catalina de Médicis, de Germain Pilon (1560-1575) en la basílica de Saint Denis.1

Porta Pia (Miguel Ángel, terminada tras su muerte, 1565).

Capricho arquitectónico con figuras, de Hans Vredeman de Vries, 1568.

Chimeneas del Château de Madrid (nombre relativo a la prisión que sufrió Francisco I en España), grabado de Jacques Androuet du Cerceau2 en Les plus excellents bastiments de France, 1576.3

El rapto de las Sabinas (1581-1582), de Juan de Bolonia (Giambologna).

Entrada de la Grotta del Buontalenti (1583-1593). A la izquierda el Corridoio Vasariano (1565).4

Retablo del altar mayor de la Basílica de El Escorial (1583-1586), una de las mayores empresas artísticas del siglo XVI,5 diseñado por Juan de Herrera y dirigido por Pedro Castello, con esctructura y custodia de materiales nobles de Jacometrezo, esculturas en bronce de Leon Leoni y Pompeyo Leoni y pinturas de Federico Zuccaro y Pellegrino Tibaldi (inicialmente estaba previsto colocar El martirio de san Lorenzo, de Tiziano, una Anunciación de Veronés y una Natividad de Tintoretto, que fueron relegados a otros lugares del Monasterio, al preferirse mantener una unidad de estilo). La bóveda tiene frescos de Luca Cambiasso, y los laterales acogen los cenotafios de la familia real obra de Leone Leoni y Pompeo Leoni.

Grabado del siglo XVII que muestra el pórtico de los jardines de la Villa Médici de Roma, adquirida en 1579 y completada con ese aspecto hacia 1600. La mayor parte de las esculturas, como la fuente de Mercurio (el Mercurio volante),6 de Giambologna, o los leones Médici7 (uno de época romana y otro de Flaminio Vacca)8 se desmontaron en 1789 y se trasladaron a Florencia. Actualmente se exhiben copias.9

Manierismo es la denominación historiográfica del periodo y estilo artístico que se sitúa convencionalmente en las décadas centrales y finales del siglo XVI (Cinquecento en italiano), como parte última del Renacimiento (es decir, un Bajo Renacimiento). Su caracterización es problemática, pues aunque inicialmente se definió como la imitación de la maniera de los grandes maestros del Alto Renacimiento (por ejemplo, el propio Tintoretto pretendía dibujar como Miguel Ángel y colorear como Tiziano), posteriormente se entendió como una reacción contra el ideal de belleza clasicista y una complicación laberíntica10 tanto en lo formal (línea serpentinata, anamorfosis, exageración de los movimientos, los escorzos, las texturas, los almohadillados, alteración del orden en los elementos arquitectónicos) como en lo conceptual (forzando el decorum y el equilibrio alto-renacentistas, una “violación de la figura”),11 que prefigura el “exceso12 característico del Barroco. Por otro lado, también se identifica el Manierismo con un arte intelectualizado y elitista, opuesto al Barroco, que será un arte sensorial y popular.13 Considerado como una mera prolongación del genio creativo de los grandes genios del Alto Renacimiento (Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano) por sus epígonos (como los leonardeschi), el Manierismo fue generalmente minusvalorado por la crítica y la historiografía del arte como un estilo extravagante, decadente y degenerativo; un refinamiento erótico14 y una “afectación artificiosa”15 cuya elegancia y grazia16 no fue apreciada plenamente hasta su revalorización en el siglo XX, que comenzó a ver de forma positiva incluso su condición de auto-referencia del arte en sí mismo.17

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